LEGADOS
Reyna Suárez Wilson
GUILLERMO KORN
En 1935, un comentario dedicado al libro
Las voces del silencio comenzaba con esta pregunta: “¿Quién
es Reyna Suárez Wilson? Nos envía su libro con unas líneas
correctas. Buscamos el pie de imprenta, lugar, fecha donde apareció
y nada hallamos. Sabemos solo que su autor se esconde bajo ese
nombre o ese seudónimo”. El anónimo reseñista de
La Literatura Argentina concluye en lo obvio: “Es pues una
poetisa”. Tamara Kamenszain describiría el desdén que cargó esa
palabra con el paso del tiempo: “Poetisa es una palabra dulce / que
dejamos de lado porque nos avergonzaba / y sin embargo y sin embargo
/ ahora vuelve en un pañuelo / que nuestras antepasadas se ataron /
a la garganta de sus líricas roncas”.
Retomemos aquella pregunta: ¿Quién es Reyna Suárez Wilson? El
registro oficial la consigna como Carmen Josefina Luisa Suárez
Wilson. Carmen relegó el Wilson para los comentarios literarios,
asumió Reyna como nombre y el apellido de su esposo como propio.
Reyna Diez nació el año en que Rubén Darío publicaba el
Canto a la Argentina y otros poemas. En 1914 nacía también
Juan Carlos Onganía. Ella le dedicó al poeta nicaragüense algunas de
sus páginas más logradas y a la política represiva iniciada por el
militar golpista su causa militante por la libertad de los presos
políticos. No era primeriza en esas lides: durante el invierno de
1936 integró la Comisión Pro Presos de Bragado y realizó giras por
distintas ciudades, arengando por la “inocencia como una bandera,
llamando a la lucha a todas las conciencias honradas” y solidarias
con los trabajadores anarquistas acusados de un crimen que no habían
cometido.
El despliegue del mapa bonaerense permite trazar un recorrido por
ciudades donde transcurrió la vida de Reyna. El trayecto arranca en
Pergamino, donde nació. Continúa en Junín, donde residió con su
familia y comenzó a escribir las páginas sociales del diario
Democracia, que dirigió Moisés Lebensohn. Mientras cursó
Letras en la Universidad Nacional de La Plata, publicó relatos y
poemas en la revista Orientación, también de Junín. En Los
Toldos creó una escuela secundaria en 1941. Al caer el peronismo fue
apercibida y trasladada a una escuela de Chacabuco, como maestra.
Allí vivió con sus hijos. Reyna no era peronista, pero valoraba
ciertas transformaciones que se hicieron bajo ese gobierno. El
Palomar sería el próximo destino. Y La Plata, la última parada,
volvió a ser su ciudad de residencia y la de sus hijos. Allí dio
clases en la Escuela Superior de Bellas Artes, en el Bachillerato de
la UNLP, y donde se graduó como profesora de Enseñanza Normal y
Especial en Letras. Entre 1965 y 1973 produjo textos académicos
sobre fray Feijoo, Valle-Inclán, el análisis del cuento “Ester
Primavera”, de Arlt, y un libro sobre el grupo literario La Syringa,
que dejó inconcluso, escrito a cuatro manos con su amiga Delia
Kamia, la hija de José Ingenieros.
En 1971, cuando cae preso su hijo Rolando, la experiencia política
de Reyna se convierte en referencia para quienes constituyeron la
Comisión de Familiares de Presos Políticos, Estudiantiles y
Gremiales y la Comisión de Familiares de Detenidos. En el documental
Informes y testimonios.
La tortura política en Argentina, 1966-1972, anticipa con su
planteo el gesto de socializar la maternidad y denuncia lo que se
implementaría en pocos años como método sistemático de exterminio:
“El testimonio que tengo que presentar aquí es el testimonio que
podría presentar cualquier madre en las mismas circunstancias. Se
trata de verse en un momento despojado de un hijo [...] que es
arrancado del hogar, que es sumergido en una mazmorra como están en
este momento los otros muchachos, que no tienen aquí las madres para
que hablen por ellos. Pero por eso mismo tiene que tener mi voz el
valor testimonial de ser un documento para todos. En este momento,
la situación de los presos políticos en el sur de la República
Argentina es una situación de una infracondición. No son seres
humanos. Son objetos, son cosas, sometidos a voluntades arbitrarias,
con el peligro constante, con la incertidumbre de si sus vidas
podrán perdurar o si en cualquier momento serán objeto de una
represión tremenda”.
En 1973, casi en paralelo a la proyección del documental, Reyna fue
elegida jefa interventora del Departamento de Letras y poco tiempo
después, decana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Educación de la UNLP. Tales designaciones contaron con el apoyo de
los distintos claustros, al igual que las propuestas de su gestión.
En agosto de 1974, cuatro meses después de haber asumido, un comando
de la Concentración Nacional Universitaria intentó asesinarla. Reyna
y parte de su equipo pasaron a la clandestinidad en ese clima de
violencia y persecución. La cesantía a su cargo llegó poco después,
y también la destrucción de lo iniciado durante su gestión.
Era una época sombría. El aire se espesó, cargado de muertes.
Perla, una de sus hijas, fue presa política desde febrero de 1975
hasta abril de 1982. Jorge Moura, el compañero de Perla, fue
secuestrado en 1977. Diana, la hija menor de Reyna, y su pareja
también sufrieron la desaparición forzada. Reyna participó
activamente de la fundación de distintos organismos de derechos
humanos, como Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Detenidos
Desaparecidos y Presos por Razones Políticas y Gremiales, en la
Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de
Detenidos-Desaparecidos, y en la creación del Taller de la Amistad,
una experiencia pensada por familiares y compañeros de militancia de
desaparecidos y presos políticos que se inició en años de la
dictadura.
Reyna murió a los 87 años, el 21 de mayo de 2001. Una tenaz y larga
vida, ahincada en compromisos que mutaban en algún plano para
volverse más firmes en tanto expresaron una ética política. La
pregunta del inicio acerca de quién se escondía tras un nombre o un
seudónimo alumbraba la dificultad que supone conocer cualquier vida
de las que apenas podemos añadir un puñado de datos, huellas,
memorias.