Re-des/cubriendo
Abellaneda
DANI ZELKO
Sabemos que hemos llegado a tierras conurbanas cuando la numeración
de las casas se desquicia. En un mismo frente pueden coexistir sin
explicación –y sin culpa– dos chapitas con numeraciones
diametralmente opuestas. Incluso una misma calle puede tener dos
nombres ¡a la vez!; o pertenecer –o haber pertenecido sin nunca
dejar de ser– a dos partidos distintos. Pasa, por ejemplo, en
Malvinas Argentinas, ex partido de General Sarmiento. En el granbué
nadie tira nada. La partícula “ex” perfora y sostiene el presente,
como se ve, como se lee en la línea de colectivos 266, en José
Mármol, que se pronuncia como “La ex 436”. En el granbué el pasado
nunca se retira, pervive en capas hojaldradas de memoria oral. ¿Qué
verdadero conurbaner llamaría “Hipólito Yrigoyen” a la “Pavón”? ¡Qué
importa el cartel de vialidad! Oralidad mata escritura.
Esa esquizofrenia catastral hace que circular por terrae
bonaerensae
sea una verdadera aventura semiótica. Carteros, remiseros y hoy
rappis son verdaderos Champolliones descifrando localidades Rosetta.
Territorio hecho de enigmas, pleonasmos y rivalidades. Las
diferentes avenidas Rosas elevan el amperímetro al punzó vivo. A las
arterias Evita hay quienes solo las refieren como: “Esa avenida”. O,
en San Miguel, un tramo de nueve cuadras de Presidente Perón –al que
no pocos vecinos prefieren denominar como “avenida del-que-te-jedi”–
ha recuperado su denominación originaria de “León
Gallardo” (patricio sanmiguelino). Y sí, donde hubo leones...
gorilas quedan. Para compensar, ahí nomás, esta misma avenida Perón
¡se abraza! –y no se cruza– con Balbín, a metros de la estación San
Miguel.
Sin embargo, pese a estos nombres que se sacan
chispas, la mayoría de las calles – como en el resto del país–
portan nombres Billiken: 9 de Julio, 25 de Mayo, San Martín,
Belgrano. ¡Cuadrados al imaginar la cuadrícula!
¿Por qué no apelar a la imaginación local para redenominar las
calles de nuestra localía? ¿Por qué no pensar en dioses cotidianos?
Nuestros héroes barriales.
En gesto decolonial, con cumpas de la Maestría en Estéticas
Contemporáneas Latinoamericanas (UNDAV) nos propusimos re-des/cubrir
Avellaneda como “Abellaneda”, interviniendo –sin vandalizar– la
señalética de la topografía oficial hasta sobreimprimirle una nueva
cartografía nuestramericana.
Por empezar, ¿sabían que la localidad de Avellaneda antes se llamaba
Barracas al Sud? ¡Mucho más tanguero! “Fue por Barracas al sud /
cuando por una mujer / pa’ conseguir su querer / no había más ley
que el facón”, canta la milonga de D’Arienzo.
La UNDAV ocupa el espacio de lo que fue el antiguo Mercado de Abasto
y Frigorífico. Meganave forjada en hierro. Muy Ciudad Gótica. El
documental Del mercado a la universidad, de Matías Casaballe,
recupera recuerdos y voces de puesteros.
Buceando la Avellaneda más profana, esa ciudad de billares y
milongas que rememora Luis Gusmán en su libro, nos propusimos
rebautizar la esquina de la UNDAV suprimiendo la violencia
toponímica colonizante. Si nominar es dominar, entonces renominemos.
Reemplazamos la señalética colonialista del cruce ¡Colón y España!
por los grandísimos poetas avellanos: Perlongher y Pizarnik. En vez
de discurso inaugural leímos sus poemas. Intervinimos los carteles
solo con cinta scotch, pero ¡qué lindo sería que el municipio
renombrara esa esquina! De Pizarnik sabemos que asistió a la Escuela
Normal N° 7 y que los sábados iba a la Shule Zalman Reizen.
Perlongher también es del centro, pero ¿alguien sabría dónde está su
casa natal?
Para seguir explorando, a modo mapa del deseo, popular y profano,
les propongo la siguiente deriva –me hago la situacionista– que vaya
recuperando memorias locales, visibilizando huellas de opresión o
exterminio o ficcionalizando huecos urbanos.
¿Por qué París habría de ser más interesante que Abellaneda? Team
Avellaneda Blues desafía a un truco al team Champs-Élysées.
Luca
Prodan, nuestro Jim Morrison, está enterrado en el Père Lachaise de
Avellaneda. Cada 22 de diciembre, día de su muerte, fanáticos de
Sumo peregrinan hasta la gran rocka traída de Traslasierra y caída
como meteorito zombi en el Cementerio Municipal de Villa Domínico.
Grafiteada al palo y coronada con un busto del pelado espirituoso,
hacen de Luca el buda de nuestros suburbios.
¿Por qué
no renombrar la avenida Belgrano como Allan Kardec? En Belgrano 218
se encuentra el Ateneo de Difusión Espírita Allan Kardec, fundado en
1945. Madre y tías de Luis Gusmán estarían chochas.
De
Avellaneda fabril-febril a AvellaNADA. Poco queda del trabajo fabril
de la otrora Siam, curtiembres, frigoríficos. En tímido homenaje, la
callecita Obreros de la Negra recuerda a los trabajadores del
megafrigorífico, cuyo logo con el perfil de una negra con pañuelo
rojo a lunares hoy resulta muy políticamente incorrecto, pero
entonces fue hiperpregnante. La calle nace junto a la estación de
trenes hacia el Carrefour, donde todavía está el arco de entrada de
la fábrica.
El signo
en tensión. Del viejo nombre de la estación Avellaneda a su
rebautismo como “Darío y Maxi”, forjando el afecto del nombre de
pila en hierro artesanal, contra la institucionalización de la tipo
helvética del interminable “Maximiliano Kosteki y Darío Santillán”.
¡No entra en la cartelera de Constitución! ¡Y cuando termina de
pronunciarlo la locutora del tren, ya estamos en Sarandí!
Tour
futbolero. Calles-homenaje a los verdaderos próceres del barrio: los
jugadores de Racing e Independiente. Pje. Bochini, junto a La Doble
Visera; la calle Diego Milito renombrando a Italia entre Colón y
Bochini; Pje. Oreste Corbatta, frente a El Cilindro, ¡le da el pase!
a Pje. Roberto Perfumo; y ¿para cuándo las calles Motorcito De Paul
(fue al colegio Loreto) y Papu Gómez (a la N° 1), campeones del
mundo Catar 2022?
Gigantismos. El Coloso, homenaje de 15 metros de altura al
descamisado, ideado por Daniel Santoro, a la vera del Riachuelo
entre el viejo y el nuevo Puente Pueyrredón, al misterioso Elefante
Blanco, megaedificio fantasma nunca terminado, sobre La Pavón.
El
Infierno no es una peña de Independiente. Ubicado en 12 de Octubre
234, fue un centro clandestino de detención, tortura y exterminio
durante la dictadura. En fosa común del Cementerio de Avellaneda, el
Equipo Argentino de Antropología Forense logró identificar más de
trescientos cuerpos enterrados como NN que habían sido fusilados en
ese centro infernal.
Calle
Azucena Villaflor (ex Crámer), esquina Av. Mitre, en Sarandí. Aquí,
en la esquina de su casa, fue secuestrada esta madre fundadora de
las Madres de Plaza de Mayo el 10 de diciembre de 1977, cuando salía
a hacer las compras. Torturada, desaparecida, arrojada viva al mar.
Fue a Azucena a quien se le ocurrió que para ganar visibilidad el
horario de la ronda de las madres fuera al cierre de los bancos:
“Tenemos que ir a la Plaza de Mayo a las 15:30: que nos vean, que
nos escuchen”.
Fahrenheit Sarandí 451. En 1980, la dictadura mandó quemar en un
potrero de la calle General Ferré, hoy fábrica de tambores
industriales, 1.500.000 libros del Centro Editor de América Latina.
¡Veinticuatro toneladas a la hoguera! Una placa revive el lema de la
editorial fundada por Boris Spivacow: “¡Más libros para más!”. Donde
hubo libros, lectores crepitantes quedan. ¿Por qué no existe aún una
pizzería Pizzarnik? Marche una Condesa Sangrienta (doble salsa
pomodoro), se escucha ordenar al mozo, que vuelve poco después a la
mesa trayendo una verdadera pizza a la piedra (de la locura) recién
extraída del horno por el maestro pizzero. ¡Poeta doble masa!
AhhBehh, A!bella!, Ave llana, Ah ve ya nada. ABellaneda, ¿por qué
seremos...?, ¿por qué serás tan hermosa?